Los devastadores movimientos telúricos de magnitudes 7,2 y 7,5 que azotaron a Venezuela el pasado 24 de junio desencadenaron una innovadora respuesta ciudadana: decenas de sitios web creados en cuestión de horas mediante vibecoding, una modalidad de desarrollo de software potenciada por inteligencia artificial que facultó a personas sin formación técnica convencional para implementar herramientas operativas en tiempo casi real.
¿Qué es el vibecoding y cómo aceleró la ayuda?
El vibecoding consiste en detallar en lenguaje corriente lo que se desea construir, mientras los modelos de IA generan la mayor parte del código. Lo que tradicionalmente demandaba días o semanas de trabajo —crear un formulario, una base de datos y una interfaz web— se resolvió en pocas horas, justo el lapso crucial que exige una emergencia de tal envergadura.
Esta velocidad se reflejó en una explosión de plataformas civiles. Portales como desaparecidosterremotovenezuela.com, venezuelatebusca.com, venezuelareporta.org y terremotovenezuela.com emergieron para registrar y localizar personas extraviadas. Según reportes, en desaparecidosterremotovenezuela.com, a 48 horas del desastre, se contabilizaban casi 42.000 personas inscritas, de las cuales aproximadamente 39.000 seguían sin ser halladas y alrededor de 3.100 habían sido encontradas. Por su parte, venezuelatebusca.com registraba más de 21.000 reportes, con más de 20.000 aún por localizar y 711 ya ubicadas.
El comunicador venezolano conocido como Profesor Briceño, desde su sitio web, recopiló más de una docena de estas iniciativas adicionales: mapas de centros de acopio, formularios para notificar daños estructurales, plataformas para coordinar voluntarios e incluso bots de Telegram y WhatsApp para consultar bases de datos de personas encontradas.
Donativos con criptomonedas: más lentos pero seguros
Un punto relevante, inherente a la naturaleza de estos sitios, es que las páginas de donaciones y recaudación de fondos, tanto con criptomonedas como en moneda fiduciaria, tardaron más en aparecer. La razón principal es que, a diferencia de los portales informativos, estas plataformas podían comprometer los fondos donados, por lo que exigían sistemas de seguridad más robustos. Sin embargo, casos como el de Yummy, que montó una campaña de recolección de donativos en apenas tres días, evidenciaron una celeridad notable para lanzar este tipo de iniciativas que antaño requerían semanas.
Ayudar primero, perfeccionar después
La filosofía detrás de estos desarrollos no fue crear un producto impecable, sino poner a disposición una herramienta de auxilio lo más rápido posible. Esta prioridad explica por qué varias de estas plataformas presentaron fallos en sus primeros días de operación: errores en formularios, registros duplicados y caídas por exceso de tráfico, problemas que los propios desarrolladores fueron subsanando conforme las webs ganaban usuarios.
Este enfoque es característico del modelo vibecoding: lanzar una versión funcional cuanto antes y mejorar sobre la marcha, en lugar de esperar a tener un producto terminado. En una emergencia donde cada minuto cuenta para localizar a alguien, esa decisión tiene una lógica clara, aunque conlleva riesgos.
Uno de esos riesgos documentados es que, al carecer de moderación y de un equipo responsable claramente identificado, existe la posibilidad de que se publiquen datos erróneos, duplicados o incompletos, ya que cualquier persona con acceso a internet puede reportar a alguien como desaparecido, buscarlo y marcar su registro cuando aparezca, sin necesidad de crear una cuenta. La responsabilidad de lo publicado recae enteramente en quien lo envía.
Un aspecto negativo de esta iniciativa es que la facilidad para crear ayuda también facilita las estafas. Es común ver campañas de donativos con webs que pueden parecer legítimas, pero que solo buscan engañar a la gente. Además, este tipo de páginas "vibecodeadas" puede considerarse que tienen un manejo deficiente de datos, ya que exponen fácilmente información personal; sin embargo, en medio de la emergencia, el primer llamado es a la ayuda.
Una capacidad ciudadana antes inaccesible
Lo que distingue a este episodio de respuestas ciudadanas previas ante desastres es la velocidad con la que la tecnología pasó de la idea a la herramienta operativa. Antes del acceso masivo a IA generativa, montar una plataforma como estas habría requerido un equipo de desarrollo, tiempo de planificación y recursos que rara vez están disponibles en las primeras horas de una catástrofe.
El vibecoding eliminó gran parte de esa barrera técnica. Una sola persona con conocimientos básicos de programación —o incluso sin ellos— pudo describir una necesidad concreta (un formulario de reporte, un mapa de ayuda) y obtener una herramienta desplegada en producción el mismo día. Esto democratizó la capacidad de respuesta tecnológica ante emergencias, históricamente reservada a instituciones, ONG o empresas con equipos técnicos propios.
El resultado fue una multiplicación de iniciativas paralelas y descoordinadas: distintos sitios cubriendo necesidades similares (búsqueda de desaparecidos, reporte de daños, coordinación de donaciones) sin un esfuerzo conjunto de unificación. Esa fragmentación es el reverso de la misma velocidad que hizo posible la respuesta: lo que se ganó en inmediatez se perdió en parte en centralización y verificación de datos.
Lo ocurrido en Venezuela tras los sismos del 24 de junio demuestra que el vibecoding ya no es solo una tendencia de desarrollo de software, sino una capacidad ciudadana real ante emergencias: la posibilidad de que cualquier persona con una idea clara construya, en horas, una herramienta que ayude a otros a encontrar a un familiar o reportar un daño, aun a costa de la solidez técnica que solo el tiempo termina dando.
Este artículo fue escrito con información de CriptoNoticias.