El grupo de trabajo en ciberseguridad del G7 emitió un informe el 3 de septiembre instando a comenzar sin demora la transición hacia sistemas de criptografía postcuántica. Aunque el documento no menciona explícitamente a Bitcoin ni a Ethereum, subraya la necesidad de que los equipos de desarrollo establezcan fechas concretas para la implementación.

La amenaza oculta para las criptomonedas

Si bien el reporte evita nombrar a estas redes, tanto Bitcoin como Ethereum dependen del mismo tipo de criptografía de clave pública que el organismo señala como vulnerable. Este silencio no es una exención: el G7 se centró en infraestructura digital genérica, no en protocolos donde miles de participantes deben acordar cambios en el código.La publicación alerta sobre el peligro real de la estrategia "cosechar ahora, desencriptar después", donde los atacantes recolectan datos cifrados hoy para descifrarlos con computación cuántica madura. En el ámbito de las criptomonedas, el riesgo se intensifica porque las claves públicas quedan expuestas permanentemente en el registro, a diferencia de otros datos cifrados que se pueden eliminar.

Europa marca el paso, las redes descentralizadas se quedan atrás

Mientras el G7 solo emite advertencias, la Unión Europea ya ha convertido esta preocupación en obligaciones legales. Desde junio de 2025, su hoja de ruta de transición exige a los estados miembros tener estrategias nacionales listas para finales de 2026, con plazos para casos de alto riesgo antes de 2030. Esta diferencia de velocidad—autoridades que imponen fechas versus redes que negocian consenso—plantea un desafío de gobernanza distribuida.

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Bitcoin explora, Ethereum ya tiene fecha

Bitcoin avanza con la propuesta BIP-360, un soft fork llamado Pay-to-Merkle-Root, que busca eliminar mecanismos de gasto por clave pública vulnerables a ataques cuánticos. Sin embargo, no hay una fecha de activación establecida, lo que refleja la necesidad de consenso en toda la red.Por otro lado, Ethereum ha fijado un objetivo para 2029, cuando espera tener lista su infraestructura postcuántica central. Vitalik Buterin delineó en febrero de 2026 cuatro componentes clave a actualizar: firmas BLS de validadores, compromisos KZG, firmas ECDSA de cuentas y pruebas de conocimiento cero. La transición completa podría extenderse más allá de esa fecha.

El desafío técnico del tamaño de las firmas

Un obstáculo común es el aumento significativo en el tamaño de las firmas digitales. Las firmas ECDSA actuales ocupan solo 64 bytes, mientras que los esquemas postcuánticos como Dilithium-5 generan firmas de unos 4.595 bytes. Este incremento de aproximadamente 70 veces implica bloques más pesados, mayor ancho de banda y comisiones más altas, forzando a las redes a equilibrar seguridad, escalabilidad y descentralización.

El informe del G7 no necesitó mencionar a Bitcoin o Ethereum para señalar el problema: ambas comparten la misma criptografía vulnerable. La verdadera brecha no es una nueva debilidad matemática, sino la diferencia de gobernanza: Europa puede imponer plazos por ley, pero las redes descentralizadas requieren consenso entre miles de actores independientes. Esta asimetría, más que los avances cuánticos, definirá quién llega a tiempo.

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