Ante la hipótesis de que la inteligencia artificial pueda vulnerar los fundamentos criptográficos actuales, diversas voces expertas han puesto en tela de juicio la utilidad práctica de la denominada estrategia de 'modo búnker'. Esta medida, planteada por el investigador de Ethereum Justin Drake, consistiría en trasladar los activos digitales a nuevas direcciones para reducir la exposición de las claves públicas. Sin embargo, hay quienes consideran que esta acción resultaría insuficiente o incluso contraproducente en un escenario de colapso criptográfico.

Una advertencia que divide opiniones

En el centro del debate se encuentra la posibilidad de que algoritmos de IA aceleren el hallazgo de fallos matemáticos capaces de quebrar la criptografía de curva elíptica, sobre la cual descansan la mayoría de las blockchains. Drake sostiene que los avances recientes en inteligencia artificial son 'humillantes' y que el estándar ECDSA podría verse comprometido 'en meses, no años', en el peor de los casos. El investigador insta a la industria a preparar una migración ordenada hacia direcciones cuyas claves públicas nunca hayan sido divulgadas.

El catedrático Matthew Green, de la Universidad Johns Hopkins, coincidió en que el riesgo de perder la criptografía de clave pública es real. No obstante, el responsable de criptografía de Coinbase, Yehuda Lindell, afirmó que no existe evidencia alguna de que las bases matemáticas de la curva elíptica se hayan debilitado. En la misma línea, Lucien Bourdon, analista de Bitcoin en Trezor, señaló que ningún estudio creíble publicado hasta ahora demuestra un ataque efectivo contra ECDSA, ni siquiera con apoyo de IA.

Mover las monedas, ¿una solución aparente?

Uno de los puntos más controvertidos es si el simple traslado de fondos a direcciones nuevas bastaría para proteger el dinero digital. Zach Herbert, CEO de FoundationHQ, advierte que si una clave pública extendida (xpub) ya fue compartida con alguna aplicación o tercero, estos ya disponen de la información necesaria para rastrear las nuevas direcciones generadas. Por tanto, un atacante podría recuperar las claves privadas sin siquiera tocar el dispositivo físico del usuario.

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Eli Ben-Sasson, cofundador de StarkWare, explicó que una ruptura de la criptografía afectaría no solo a las firmas de las billeteras, sino también a los mecanismos de consenso y a esquemas como el compromiso polinómico KZG. Además, agregó que los costos de transacción podrían dispararse si gran parte de la infraestructura dejara de operar con normalidad.

Bitcoin y las diferencias entre redes

En el ecosistema de Bitcoin, ciertos tipos de direcciones, como las que comienzan con 'bc1q', mantienen oculta la clave pública hasta que se realiza un gasto, lo que ofrece una capa extra de defensa. Sin embargo, cada operación expone la clave en el mempool, dejando una ventana para posibles ataques. Bourdon recomendó no actuar por pánico, pues las migraciones apresuradas suelen derivar en errores y son aprovechadas por estafadores.

La respuesta no es uniforme en todas las cadenas. NEAR Protocol ya permite agregar claves resistentes a computación cuántica sin mover activos, mientras que Ethereum desarrolla una hoja de ruta poscuántica que incluye firmas basadas en hash y una posible bifurcación dura de emergencia. En contraste, Solana expone las claves públicas por defecto, aunque sus desarrolladores estudian una actualización que permita a los usuarios demostrar la propiedad de su semilla mediante pruebas basadas en hash.

¿Pánico o mesura?

Max Shannon, de Bitwise Europe, considera que el riesgo sigue siendo teórico y que no hay un plazo definido para una posible ruptura. No obstante, aconseja migrar a esquemas de firma resistentes a la computación cuántica en el largo plazo. Bourdon, por su parte, recuerda que la advertencia de Drake coincide con la promoción de la hoja de ruta de Ethereum hacia criptografía basada en hash, lo que invita a examinar la fuente de la alerta.

En definitiva, aunque la comunidad cripto no debe ignorar la posibilidad de un colapso criptográfico, la evidencia actual no respalda una huida precipitada. Mover los fondos podría ser apenas el primer paso de una respuesta mucho más compleja que involucraría infraestructura, consenso y nuevos estándares de seguridad.

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