Tether y Fasanara Capital dieron a conocer el pasado 9 de septiembre el lanzamiento de StableFund, un vehículo de crédito privado que arranca con 400 millones de dólares y aspira a reunir hasta 3.000 millones. La propuesta pretende canalizar financiamiento hacia pequeñas y medianas empresas en más de 60 naciones, empleando la stablecoin USDT como columna vertebral para la liquidación de las operaciones.

Sin embargo, el comunicado oficial evita detallar los países concretos donde se desplegará el capital. Al ser consultada sobre los planes para México, Fasanara optó por no brindar información adicional, citando razones de cumplimiento normativo. Este silencio no es un simple descuido comunicacional, sino la primera señal de las complejidades legales que el fondo deberá sortear para ingresar al mercado mexicano.

El vacío normativo que frena la entrada de StableFund

“México carece de un marco específico para el crédito que haga uso de stablecoins”, afirma Javier Pérez Moreno, socio de BGBG Abogados y especialista en FinTech. El experto aclara que la estructura anunciada no implica préstamos directos en USDT a las pymes, sino que se trata de un vehículo de crédito privado que prefinancia a plataformas intermediarias e incorpora la stablecoin solo en ciertos flujos y en la infraestructura de liquidación.

No obstante, ese modelo topa con tres obstáculos regulatorios en México. Primero, la Ley Fintech de 2018 reconoce los activos virtuales pero no regula el uso de stablecoins para liquidar financiamiento corporativo. Segundo, la Circular 4/2019 del Banco de México prohíbe a los bancos procesar activos virtuales con clientes finales, limitando su uso a operaciones internas autorizadas. Tercero, si el fondo intentara emitir o respaldar tokens canjeables por dinero fíat, la regulación lo consideraría captación de depósitos, una facultad reservada exclusivamente a la banca comercial.

Las figuras legales disponibles para operar en México

Ante la falta de una categoría única, el fondo debería evaluar bajo qué figura podría estructurar sus actividades. Pérez Moreno enumera cuatro opciones. La SOFOM (Sociedad Financiera de Objeto Múltiple) es la más flexible pero no puede recibir fondeo en USDT sin añadir capas legales y técnicas. La IFPE (Institución de Fondos de Pago Electrónico) puede recibir préstamos extranjeros pero tiene restricciones severas sobre el origen y destino de los recursos. La Institución Bancaria es la más robusta pero exige altos requisitos de capital y autorización expresa de Banxico. Finalmente, una Empresa Tecnológica no Financiera opera en zona gris, sujeta a normas antilavado pero sin marco claro para créditos con criptoactivos.

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“El uso de USDT no determina por sí mismo los requisitos de capital; lo relevante es qué entidad recibe los recursos y para qué los emplea”, puntualiza el abogado. Así, cada opción demanda requisitos distintos que el fondo debería replicar en cada jurisdicción.

Banxico y el futuro legislativo: cautela y espera

El alcance de la normativa mexicana no se limita a entidades locales. Aunque StableFund opere desde Londres, si los créditos se destinan a pymes mexicanas, la regulación local recae sobre la operación. En su Reporte de Estabilidad Financiera de junio de 2026, Banxico sostuvo que el sistema financiero nacional no está listo para integrar stablecoins al marco formal.

Por otro lado, el senador Alejandro Murat presentó el 7 de mayo una iniciativa para crear un marco regulatorio para Activos Virtuales Estables, inspirada en la Ley GENIUS de EE.UU. Su período de discusión se estima entre seis y doce meses. Mientras tanto, el banco central mantiene su postura prudente.

La urgencia del crédito privado en América Latina

Para Javier Montero, socio de Crédito Privado en Patria, la región enfrenta una paradoja: “América Latina es un mercado de crédito corporativo grande y poco apalancado, donde el capital confiable escasea”. René Saúl, CEO de Kapital, coincide al afirmar que su firma busca resolver los retos financieros que frenan a las empresas, usando inteligencia artificial para democratizar el acceso a capacidades financieras antes reservadas a grandes corporaciones.

Si StableFund logra consolidarse, las empresas podrían obtener liquidez directa sin depender de la banca tradicional, que opera bajo la red de rescate del banco central. A diferencia de ese sistema, ni Tether ni Fasanara cuentan con un prestamista de última instancia; la liquidez responde a reglas de mercado abierto y gestión de riesgo privado. Mientras la discusión regulatoria avanza lentamente, StableFund ya ha desplegado 400 millones de dólares a nivel global, con la puerta mexicana aún latente pero cerrada.

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