El 10 de septiembre de 2026, mientras el bolívar sufría otra semana de depreciación acelerada, la Academia Nacional de Ciencias Económicas (ANCE) emitió un dictamen contundente sobre la posible dolarización total del país. La institución, fundada en 1983 y compuesta por destacados economistas, exdirectores del Banco Central de Venezuela y profesores eméritos, concluyó que eliminar la moneda nacional sería un error y que el sistema financiero requiere una reforma profunda.
La Academia Nacional de Ciencias Económicas se pronuncia
La ANCE propone legalizar la convivencia oficial del bolívar y el dólar estadounidense, formalizando en la legislación lo que muchos venezolanos ya practican en su día a día. Sin embargo, el documento firmado por Urbi Garay Lluch y Roberto Briceño-León advierte que una dolarización sin reservas suficientes, sin cambios constitucionales y sin un banco central autónomo sería «traumática». Curiosamente, el pronunciamiento no menciona ni una sola vez a USDT, la stablecoin de Tether que se ha convertido en el principal vehículo para transacciones cotidianas, desde la compra de alimentos hasta el pago de alquileres y la recepción de remesas.
Un bimonetarismo que deja fuera al dólar digital
La omisión resulta llamativa considerando que USDT representa aproximadamente el 90% de los listados activos en la plataforma de intercambio entre pares (P2P) de Binance con bolívares. Según datos de TRM Labs, Venezuela escaló al puesto 17 en adopción global de criptoactivos durante el primer trimestre de 2026, con un volumen minorista de 18.300 millones de dólares. Mientras tanto, el gobierno, que anteriormente restringió el uso de stablecoins por considerarlas una amenaza, ahora permite que los bancos vendan a empresas locales los USDT provenientes de exportaciones petroleras, tras el aislamiento financiero internacional por las sanciones.
La brecha entre la teoría y la práctica económica
La postura de la ANCE respalda la alternativa bimonetaria que también promueve Consecomercio, inspirada en el modelo peruano. Pero este modelo no contempla las stablecoins, y Venezuela no es Perú. Frente a esta realidad, Alejandro Grisanti, director de Ecoanalítica, ha planteado la creación de una stablecoin nacional, un token digital referenciado al dólar con estrictos mecanismos de cumplimiento AML/KYC. Su argumento es que ignorar la herramienta no la hace desaparecer; los ciudadanos y comercios ya usan dólares digitales para esquivar la escasez de efectivo.
¿Es viable ignorar el USDT?
Sin embargo, basar el sistema en USDT implica un riesgo de censura, ya que Tether, como entidad centralizada, puede congelar direcciones por orden de autoridades extranjeras —como ocurrió en enero de 2026 con el bloqueo de 182 millones de dólares en billeteras vinculadas a operaciones locales—. Una stablecoin nacional mitigaría esa vulnerabilidad, pero sacrificaría la liquidez global y la aceptación internacional que ofrece USDT. Para Carmelo Asta, responsable de MEXC en Latinoamérica, Venezuela vive un escenario de «alta adopción y baja integración»: el uso de stablecoins es masivo, pero carece de canales formales que conecten las plataformas con la banca local y la regulación estatal.
Conclusión: un país que ya no existe
La ANCE acierta al señalar que la transformación del régimen monetario es urgente y que dolarizar sin condiciones sería riesgoso. Su propuesta de un bimonetarismo ordenado tiene fundamento técnico. Pero el marco conceptual que emplea pertenece a una era donde las monedas solo las emiten Estados soberanos. Ignorar el uso cotidiano del USDT en la economía real es dar la espalda a la forma en que el venezolano común resuelve la falta de efectivo y las trabas bancarias. USDT no pidió permiso para convertirse en la segunda moneda del país; se instaló en la economía real mientras los economistas debatían en el papel. Formalizar un bimonetarismo sin nombrar el USDT es construir un régimen monetario para un país que ya no existe.