El Salvador se enfrenta a una curiosa contradicción en el ámbito de los activos tokenizados del mundo real (RWA). Por un lado, el país centroamericano se ha consolidado como un destino atractivo para la emisión de representaciones digitales de acciones de firmas que mantienen bitcoin (BTC) en sus balances. Sin embargo, Juan Carlos Reyes, quien lidera la Comisión Nacional de Activos Digitales (CNAD), opina que este avance aún no refleja la utilidad genuina de la tokenización.
Un crecimiento notable, pero con un enfoque cuestionado
Hay que destacar que, durante el presente año, se han lanzado en El Salvador aproximadamente 233 nuevos tokens que representan acciones. De ese total, 198 son versiones digitales de renta variable, fondos cotizados (ETF) y productos indexados. Entre los ejemplos más llamativos se encuentran los vinculados a gigantes como Walmart, Netflix, McDonald's, Coca-Cola y Starbucks, además de compañías como Strategy y Metaplanet, reconocidas por atesorar bitcoin.
En una conversación exclusiva con CriptoNoticias, Reyes fue directo al evaluar la trayectoria de este mercado: “Considero que estos instrumentos, en la forma en que se están utilizando, no constituyen el empleo adecuado de la tokenización”.
El funcionario no rechaza las acciones tokenizadas. De hecho, confiesa sentir “orgullo” por haber logrado que estos productos puedan emitirse bajo un marco regulatorio en El Salvador. “¿Cómo me siento? Orgulloso. Porque en El Salvador tenemos un compromiso firme con Bitcoin, y ver que podemos brindar seguridad jurídica en productos relacionados con Bitcoin es motivo de gran satisfacción”, declaró.
No obstante, Reyes plantea una distinción crucial: convertir en token un activo que ya goza de un mercado financiero altamente desarrollado no genera necesariamente un nuevo valor económico.
Strategy: un paso adelante, pero no el destino final
El caso de las acciones tokenizadas de empresas como Strategy —antes MicroStrategy— es uno de los ejemplos más visibles de esta nueva infraestructura. Para Reyes, la CNAD busca aplicar el principio de Bitcoin a los activos tokenizados: “don't trust, verify”. De la misma manera que Bitcoin permite verificar sus transacciones sin confiar en un intermediario, el regulador quiere asegurarse de que los tokens estén respaldados realmente por el activo que representan, aunque en los RWA esta verificación exige supervisión, documentación y custodia externa.
Esto es clave porque detrás de un token que representa una acción puede haber una cadena de intermediarios, custodios y emisores. El inversor puede ver en una aplicación que posee un activo, pero eso no implica que exista una acción real detrás. Reyes utiliza una metáfora gráfica: si alguien compra un token que supuestamente representa USDT, pero no puede verificar que el emisor realmente tiene el activo subyacente, podría estar comprando “dinero de Monopoly”.
La CNAD, por tanto, busca establecer un proceso verificable que confirme que el dinero del inversor se utiliza para adquirir el activo que respalda el token. Cada emisión debe contar con su propio Documento de Información Relevante (DIR), donde se detallan los riesgos.
Sin embargo, existe un límite que el regulador no puede superar. Si la empresa subyacente quiebra, la CNAD no puede evitar que el inversor pierda su dinero. Reyes reconoce esta limitación: “cuando surge el riesgo directo de Strategy o empresas similares, eso ya está fuera del alcance de la comisión”.
La función de la CNAD, en su visión, es impedir que el inversor compre una representación digital de un activo que nunca fue adquirido realmente.
El verdadero potencial está fuera de Wall Street
Es en este punto donde Reyes desplaza el foco de las acciones tokenizadas hacia lo que considera una aplicación mucho más poderosa de la tecnología. “Sinceramente, no creo que eso sea el valor real de la tokenización”, insiste.
Su argumento es que replicar digitalmente una acción que ya cotiza en un mercado tradicional puede aportar accesibilidad y fraccionamiento, pero no transforma la estructura económica del activo. La oportunidad, en cambio, surge cuando la tokenización permite llevar a mercados más amplios activos que históricamente han estado reservados para grandes capitales.
El ejemplo que Reyes pone en primer plano es el sector inmobiliario. Tokenizar un edificio, explica, puede dividir la propiedad o los derechos económicos en fracciones más pequeñas y abrir la participación a inversores que antes no podían acceder a ese tipo de operaciones. Este cambio es especialmente relevante para Latinoamérica, donde la posibilidad de invertir desde montos de cinco o diez dólares puede transformar la relación entre el pequeño ahorrista y los mercados de inversión.
En este modelo, la tokenización no se limita a poner una etiqueta digital sobre un activo financiero existente. Su función es fraccionar un activo y llevarlo hacia un mercado de inversores mucho más amplio. Reyes considera que ahí reside buena parte de la promesa de los RWA.
Bienes raíces, bonos y activos físicos son la vía
El presidente de la CNAD amplía aún más el campo de aplicación. Los bonos soberanos aparecen entre los instrumentos que, en su opinión, podrían beneficiarse de una infraestructura tokenizada. También menciona instrumentos financieros bancarios y otros productos que actualmente son accesibles principalmente para inversores con grandes patrimonios.
Su planteamiento apunta a una transformación más profunda del acceso financiero. Productos que durante décadas estuvieron disponibles solo para personas con grandes cantidades de capital podrían dividirse en unidades más pequeñas y llegar a inversores minoristas. “Todos estos productos innovadores que existen para la gente súper rica, a los que nosotros nunca hemos tenido acceso, vamos a tener acceso bajo la tokenización”, sostiene Reyes.
No obstante, Reyes introduce una condición esencial: tokenizar por tokenizar no tiene sentido. “La propuesta financiera o la propuesta de negocios todavía tiene que ser sólida”, afirma. Esta precisión es especialmente relevante para iniciativas que buscan tokenizar recursos naturales, como reservas petroleras o diamantes. La tecnología puede fraccionar y ampliar el acceso a esos activos, pero no soluciona por sí sola los problemas económicos, jurídicos o comerciales que pueda tener el proyecto. En otras palabras, la descentralización puede cambiar la forma en que se comercializa un activo, pero no puede convertir un mal negocio en uno bueno.
El mensaje de Reyes termina planteando una cuestión que probablemente definirá la siguiente etapa de los RWA: si la primera ola consistió en demostrar que las acciones y otros instrumentos tradicionales pueden envolverse en tokens, la segunda deberá demostrar que la tokenización puede crear mercados que antes eran demasiado pequeños, ilíquidos o inaccesibles para el inversionista minorista. Y ahí, según la visión del regulador salvadoreño, el verdadero desafío apenas comienza.