Las autoridades irlandesas han detectado una nueva modalidad empleada por grupos del crimen organizado para resguardar sus activos digitales: el alquiler de bóvedas privadas donde almacenan claves privadas y frases semilla de sus carteras criptográficas. Así lo reveló Michael Gubbins, director de la Oficina de Activos Criminales (CAB), en una entrevista con el Sunday Independent. En estos espacios también se han hallado dinero en efectivo, relojes de lujo, bolsos y pasaportes, lo que evidencia la diversificación de los métodos de ocultamiento.
Una estrategia para evadir la incautación
De acuerdo con Gubbins, la práctica fue descubierta durante pesquisas de la propia agencia y posteriormente notificada al Comité Directivo contra el Blanqueo de Capitales del Gobierno. La lógica detrás de esta maniobra es simple: al mantener las credenciales de acceso a sus fondos digitales fuera de sus domicilios u oficinas, los delincuentes dificultan su localización durante allanamientos policiales. Esto representa un desafío adicional para los investigadores, que deben buscar nuevas vías para rastrear estos activos.
Autocustodia y anonimato: un arma de doble filo
El hallazgo tiene una lectura negativa desde la perspectiva de la lucha contra el crimen, pero también pone de manifiesto una característica esencial del ecosistema cripto: la autocustodia permite que quien posee las claves mantenga el control total de sus fondos sin intermediarios financieros ni autoridades centrales. Las reglas de la red no se modifican según quién utilice el activo, lo que brinda soberanía financiera a los usuarios legítimos, pero también puede ser explotada por actores maliciosos.
Las criptomonedas despiertan interés entre estos grupos delictivos debido a la percepción de que ofrecen mayor anonimato y permiten diversificar el riesgo ante posibles decomisos. Sin embargo, esto no implica que bitcoin y otras criptodivisas hayan sido diseñadas para facilitar actividades ilícitas, ni que sus transacciones sean completamente anónimas. Todas las operaciones quedan registradas en una red pública y pueden ser analizadas por las autoridades mediante técnicas forenses blockchain.
El efectivo sigue reinando, pero la regulación se endurece
Gubbins señaló que el uso de criptomonedas con fines ilícitos aún es limitado y que el efectivo continúa siendo el principal medio empleado por las redes criminales, especialmente en el narcotráfico. En una de las investigaciones, la CAB incautó 230.000 euros de una caja de seguridad perteneciente a una empresa privada de custodia. Este hallazgo refuerza la preocupación de las autoridades sobre el uso de estos servicios para almacenar dinero y otros activos vinculados a actividades ilegales.
El escenario podría endurecerse con las nuevas normas europeas contra el blanqueo de capitales que Irlanda prepara para 2027. Entre las medidas previstas figuran la prohibición de transacciones en efectivo superiores a 10.000 euros y la obligación de identificar a quienes realicen operaciones en efectivo de 3.000 euros o más. Los controles también alcanzarán a proveedores de servicios de criptoactivos, comercios de artículos de lujo y plataformas de financiación colectiva. Irlanda ha publicado además su primera estrategia nacional contra el lavado de dinero, en un contexto de mayores controles sobre los activos digitales, buscando responder a un panorama donde el crimen organizado combina criptomonedas con otros activos, bienes de lujo y mecanismos informales para mover valor.