La Organización Mundial del Comercio (OMC) ha publicado un análisis que pone en perspectiva el papel real de las monedas digitales estables en el panorama financiero global. A pesar de las ventajas técnicas que ofrecen, como la rapidez en las transacciones y la reducción de costos, su adopción en el ámbito de los pagos internacionales sigue siendo marginal.

Un porcentaje mínimo en el flujo global

Según el informe, las criptomonedas estables representan aproximadamente un 3% de los movimientos de pago a nivel mundial. Esta cifra, aunque no despreciable, contrasta con los enormes volúmenes que estas divisas digitales manejan anualmente en las redes blockchain. Sin embargo, gran parte de esa actividad corresponde a operaciones de trading, arbitraje y transacciones dentro del ecosistema de finanzas descentralizadas (DeFi), que no pueden considerarse pagos por bienes o servicios en el sentido tradicional.

Si se excluyen esas operaciones especulativas, los pagos genuinos, como las remesas o las liquidaciones comerciales entre empresas, apenas alcanzan los 390.000 millones de dólares al año. Esto representa cerca del 1% del volumen total de transacciones on-chain y una porción muy reducida del mercado global de pagos, que mueve múltiples cuatrillones de dólares.

El verdadero desafío: la falta de armonización regulatoria

El principal obstáculo para que las criptomonedas estables se consoliden como una herramienta de pago internacional no reside en su capacidad técnica, sino en la ausencia de marcos normativos compatibles entre distintos países. Una empresa que opera en varias jurisdicciones puede enfrentarse a requisitos divergentes en cuanto a licencias, reservas, verificación de identidad y divulgación de información, incluso cuando utiliza el mismo tipo de activo digital.

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Por ejemplo, la Unión Europea ha implementado el Reglamento de Mercados de Criptoactivos (MiCA), que desde 2024 exige a los emisores de stablecoins cumplir con estrictas normas sobre reservas y protección al consumidor. En Estados Unidos, la GENIUS Act propone un marco federal con requisitos similares. No obstante, cumplir con las normativas de una región no garantiza operar sin fricciones en la otra, y mercados como Singapur, Dubái o Lagos pueden imponer condiciones adicionales.

Impacto en pequeñas empresas y concentración del mercado

Esta fragmentación normativa afecta de manera desproporcionada a las pequeñas empresas y a las economías en desarrollo, que disponen de menos recursos para afrontar los costos legales y de cumplimiento. Al mismo tiempo, podría favorecer la concentración del mercado en grandes emisores como Circle, con su stablecoin USDC, y Tether, con USDT, que tienen la capacidad de operar bajo múltiples sistemas regulatorios.

El potencial de las criptomonedas estables es especialmente notable en áreas como la financiación del comercio, donde la agilidad en los pagos podría reducir el tiempo en que el capital de trabajo permanece inmovilizado. Sin embargo, para que este potencial se materialice, las stablecoins deben superar los controles contra el lavado de dinero, cumplir con las obligaciones fiscales y cambiarias, y generar confianza en sus emisores y en la solidez de sus reservas.

Hacia una regulación coordinada

Una mayor coordinación entre los principales bloques comerciales podría ampliar significativamente el uso de las criptomonedas estables en los pagos internacionales, que actualmente se sitúa en los 390.000 millones de dólares. El desafío ya no es demostrar que esta tecnología funciona, sino crear las condiciones regulatorias que permitan su utilización de manera consistente a escala global.

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