Un informe reciente de ARK Invest ha generado un intenso debate sobre la viabilidad del modelo de stablecoin propuesto por el consorcio Open Standard. Lorenzo Valente, director de investigación de la firma de inversión, publicó el 30 de junio de 2026 un análisis donde califica la estructura de gobierno de Open USD como un posible talón de Aquiles frente a los gigantes del sector, USDC y USDT. Valente sostiene que un esquema donde la propiedad está tan fragmentada puede traducirse en una gestión ineficiente y una responsabilidad difusa.
La crítica central: muchas manos, poco liderazgo
En su análisis, Valente empleó una frase contundente: “La posesión colectiva a menudo termina significando que nadie se hace cargo”. Con esta premisa, el ejecutivo cuestiona la capacidad de un consorcio conformado por más de 140 empresas —entre las que destacan Coinbase, BlackRock, Visa, Stripe y Mastercard— para tomar decisiones ágiles en un mercado donde los emisores centralizados marcan el ritmo. El proyecto Open USD (OUSD) se presenta como una stablecoin dirigida al ámbito institucional, con un modelo que reparte los ingresos generados por las reservas entre sus socios, en lugar de concentrarlos en un único emisor.
Un impacto inmediato en el mercado de stablecoins
El anuncio de Open Standard no pasó desapercibido en los mercados financieros. Tras la noticia, las acciones de Circle, la compañía detrás de USDC, experimentaron una caída del 16,5%, cotizando alrededor de los 63,10 dólares. Sin embargo, Valente advierte que el principal desafío para Open USD no es de naturaleza tecnológica, sino estructural. Según su perspectiva, las stablecoins dominantes ya disfrutan de efectos de red consolidados en exchanges, corredurías y sistemas de pago, lo que crea una barrera de entrada significativa para cualquier nuevo competidor que carezca de liquidez inicial.
“No existen pares comerciales relevantes para estas nuevas stablecoins, porque los participantes ya están posicionados en USDC y USDT”, subraya Valente, refiriéndose al problema de arranque que enfrentan los proyectos sin una base de adopción previa. Además, el directivo cuestiona la capacidad de coordinación de un consorcio con cientos de actores: “un comité de 500 competidores no tiene precedentes en la industria para tomar decisiones rápidas”, indica, apuntando a la posible lentitud operativa en comparación con los emisores centralizados.
El modelo de ingresos bajo la lupa
Otro de los puntos señalados por ARK Invest es el esquema de reparto de ingresos. Open Standard planea distribuir la mayor parte de los rendimientos de las reservas entre sus socios, reduciendo el margen que retiene la entidad gestora. Valente calcula que, si el suministro de OUSD alcanzara los 10.000 millones de dólares con una comisión de 25 puntos básicos, el consorcio generaría aproximadamente 25 millones de dólares anuales. Una cifra que, a su juicio, resulta insuficiente para mantener la infraestructura, los incentivos y las operaciones globales necesarias.
“Entregar todos los ingresos es una receta para asfixiar la infraestructura, subinvertir de forma sistemática y limitar el alcance de la plataforma”, sentenció Valente, al comparar este modelo con experiencias previas en el sector.
Entre la coordinación institucional y la pérdida de velocidad
El debate no se limita a ARK Invest. Desde Circle, su CEO, Jeremy Allaire, ha criticado históricamente los modelos de consorcio, argumentando que tienden a perder agilidad frente a emisores únicos con estructuras centralizadas. En contraste, Hunter Horsley, CEO de Bitwise, opina que iniciativas como Open USD podrían expandir el mercado total de stablecoins, beneficiando a los actores existentes al aumentar la adopción general. Open Standard, por su parte, defiende que su modelo reduce la dependencia de un solo emisor y distribuye el control entre actores institucionales globales, aunque hasta ahora no ha detallado públicamente los mecanismos de votación interna ni cómo se resolverán conflictos entre socios competidores.
Conclusión
El lanzamiento de Open USD no solo introduce un nuevo competidor en el mercado de stablecoins, sino que plantea una prueba estructural sobre cómo se gobierna el dinero digital a gran escala. Con un sector que supera actualmente los 300.000 millones de dólares, dominado por USDT y USDC, la liquidez y la velocidad de ejecución han sido hasta ahora más determinantes que la amplitud de alianzas. Si el modelo de consorcio logra coordinar a más de un centenar de actores sin perder eficiencia, podría abrir una nueva categoría de infraestructura financiera institucional. Si no lo logra, reforzará una tesis que empieza a repetirse en el sector: en las stablecoins, la descentralización de la propiedad no necesariamente implica descentralización del poder operativo.