El peso cubano se desplomó tras las medidas de ajuste implementadas por el régimen desde 2021. Durante años, la cotización oficial se mantuvo en 25 unidades por dólar, pero la espiral inflacionaria llevó el mercado paralelo a superar los 600 pesos por billete estadounidense. En ese escenario, los salarios apenas alcanzaban los 20 dólares mensuales, mientras la moneda nacional perdía valor a gran velocidad.

Una economía de emergencia: entre apagones y bloqueo

La supervivencia diaria en la isla se convirtió en un ejercicio permanente de creatividad financiera. El bloqueo comercial impuesto por Washington durante más de seis décadas, sumado a cortes eléctricos que se prolongaban hasta 20 horas seguidas, obligó a la población a buscar alternativas fuera de los canales oficiales. Según Forte11, cofundador del proyecto educativo Cuba Bitcoin, la moneda de 25 pesos ya no alcanza ni para cubrir lo más básico.

Frente a la falta de liquidez y el aislamiento internacional, los ciudadanos no esperaron soluciones desde el poder. Construyeron sus propias herramientas: una red vecinal llamada SNET, el famoso «paquete de la semana», un bot de Telegram para intercambios y hasta vales impresos con códigos QR para operar durante los apagones.

De la red casera al dinero digital

Mucho antes de que el gobierno habilitara el acceso a internet en parques públicos hacia 2015, los cubanos ya habían desarrollado métodos propios para hacer circular información. La SNET, una red comunitaria e independiente, conectaba hogares mediante cables cruzados entre balcones y antenas Wi-Fi artesanales en los techos de La Habana. Por otro lado, el «paquete de la semana» consistía en un circuito informal donde repartidores transportaban discos duros llenos de series, películas y noticias descargadas por personas con acceso en instituciones estatales.

Esa experiencia dejó una lección clave: la infraestructura puede operar sin el permiso del Estado. Aunque las autoridades desmantelaron la SNET al identificar a sus administradores, el principio de organización comunitaria ya estaba sembrado.

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Bitcoin como refugio frente al control estatal

Las barreras financieras se profundizaron a partir de 2022, cuando la mayoría de los intercambios centralizados retiraron sus servicios a usuarios cubanos. Ante la imposibilidad de usar tarjetas Visa, Mastercard o PayPal, la comunidad encontró en Telegram un bot de código abierto que permitía transferir valor a través de la red Lightning, sin intermediarios ni procesos de verificación de identidad. De esa experiencia surgió, a finales de 2022, el colectivo educativo Cuba Bitcoin.

En el mercado informal habanero, las stablecoins vinculadas al dólar, como USDT, se convirtieron en las grandes favoritas. Según Forte11, estas monedas digitales cotizan con una prima de entre 30% y 45% por encima del billete físico, porque ofrecen protección frente a la inflación y evitan el riesgo de confiscación en controles aduaneros. Sin embargo, los apagones de hasta 20 horas continuas representan un obstáculo: sin electricidad, ningún dispositivo puede procesar una transacción.

Imprimir dinero en papel para sobrevivir a la oscuridad

Para resolver el problema de los cortes eléctricos, la comunidad comenzó a utilizar Cashu, un protocolo de eCash que permite gestionar saldos en satoshis. El sistema funciona emitiendo vales digitales que pueden imprimirse como códigos QR en papel físico. Ese billete circula de mano en mano para comprar alimentos o pagar servicios durante un apagón generalizado. El comerciante solo necesita escanear el código cuando la electricidad o la señal móvil regresan para liquidar el saldo.

El gobierno cubano ha intentado regular la actividad con activos digitales, condicionando su uso a plataformas bajo custodia estatal. Pero la estrategia de Cuba Bitcoin se basa en una organización horizontal, sin líderes centrales, para evitar puntos de fallo y medidas administrativas. El conocimiento sobre custodia, nodos y privacidad se transmite en talleres de persona a persona.

La historia de Cuba demuestra que la tecnología financiera no siempre nace en laboratorios de innovación bancaria, sino en los márgenes de la necesidad. Si un protocolo distribuido logra funcionar mediante vales impresos en medio de apagones masivos y bajo un estricto control estatal, el caso cubano se convierte en la prueba más contundente de la resiliencia del dinero digital.

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