El flujo de capital hacia la inteligencia artificial ha alcanzado cifras sin precedentes, pero al mismo tiempo se avivan los temores entre los actores del mercado sobre si estas enormes sumas podrán generar rendimientos acordes. En un análisis difundido el 26 de julio de 2026 a través de Seeking Alpha, el analista Daniel Jones señaló que la rápida escalada en el desembolso para infraestructura de IA exhibe patrones que recuerdan a burbujas tecnológicas pasadas, aunque reconoció el impacto transformador que esta tecnología podría tener a largo plazo.

Gigantes tecnológicos elevan el gasto a niveles sin precedentes

De acuerdo con Jones, el peligro no reside en la utilidad intrínseca de la inteligencia artificial, sino en una potencial sobreinversión alimentada por expectativas excesivamente optimistas. El columnista argumenta que los principales proveedores de servicios tecnológicos están canalizando montos cada vez más elevados hacia el desarrollo de esta infraestructura, mientras que diversos indicadores sugieren que los retornos económicos aún avanzan a un ritmo más lento. En este contexto, el desembolso de los grandes actores tecnológicos en IA fue ajustado al alza hasta los 673.000 millones de dólares para 2026. Además, la Unión de Bancos Suizos (UBS) proyecta que la inversión seguirá creciendo hasta aproximadamente 841.000 millones de dólares en 2027 y 892.000 millones en 2028.

Alphabet muestra el dilema entre crecimiento y gasto

Alphabet, la empresa matriz de Google, ejemplifica esta tendencia. Durante el segundo trimestre de 2026, la compañía reportó un incremento interanual del 24,2% en sus ingresos y un alza del 40,8% en su flujo de caja operativo. Su división Google Cloud vio aumentar sus ingresos un 81,8%, hasta los 24.770 millones de dólares, mientras que sus beneficios operativos se dispararon un 211,9%, alcanzando los 8.810 millones de dólares. No obstante, el mercado reaccionó con escepticismo ante el nivel de inversión necesario para sostener esa expansión. Tras la publicación de los resultados, las acciones de Alphabet se desplomaron un 6,7%, lo que se tradujo en una pérdida de aproximadamente 288.900 millones de dólares en valor de mercado. Esta caída estuvo vinculada a las incertidumbres sobre su gasto de capital previsto, que oscilará entre 195.000 y 205.000 millones de dólares durante 2026.

ANUNCIO

La productividad real no alcanza las expectativas

Uno de los puntos centrales del análisis de Jones se apoya en un estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER) publicado en marzo de 2026. La investigación, basada en una encuesta a casi 750 ejecutivos corporativos, reveló que las empresas perciben mejoras en la productividad vinculadas a la inteligencia artificial, aunque dichas ganancias superan a las mediciones concretas. Los investigadores identificaron una disparidad entre la productividad esperada y la observada, un fenómeno conocido como la “paradoja de la productividad”. Esto sugiere que, a pesar de que las compañías reportan beneficios iniciales tras la adopción de estas herramientas, el impacto económico tangible aún no cumple con las proyecciones. Esta brecha también se refleja en los indicadores macroeconómicos de Estados Unidos. Según datos de la Reserva Federal citados por Jones, aproximadamente el 35% del crecimiento del producto interno bruto durante el primer trimestre de 2026 estuvo impulsado por inversiones relacionadas con la IA, como centros de datos, equipos informáticos, instalaciones eléctricas y software. El analista estima que, sin ese aporte, el crecimiento económico habría sido de alrededor del 1,3% o 1,4% en ese período.

La expansión de la IA topa con limitaciones energéticas y de suministro

Además de las dudas sobre los retornos, Jones destaca las presiones derivadas del veloz crecimiento de la infraestructura necesaria para la IA. Tal como informó CriptoNoticias, los precios de componentes como la memoria DRAM se incrementaron debido al aumento de la demanda de los centros de datos, incluso mientras la producción de semiconductores también se expandía. Para el autor, esta situación evidencia que la expansión del sector está generando tensiones en las cadenas de suministro. La energía constituye otro desafío significativo. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía mencionados en el análisis, el consumo eléctrico de los centros de datos especializados en IA aumentó un 50% durante el último año, mientras que la demanda mundial de electricidad de los centros de datos creció un 17%. Las proyecciones indican que esta presión continuará en aumento. El escenario base de la Agencia Internacional de la Energía contempla que el consumo eléctrico de los centros de datos podría multiplicarse aproximadamente por 2,5 entre 2025 y 2035, con un crecimiento anual promedio del 9,4%.

Conclusión: ¿Hacia una nueva fase de evaluación?

A pesar del panorama actual, Jones aclara que estos factores no anulan el potencial económico de la tecnología. Su advertencia se centra en la discrepancia entre las expectativas actuales del mercado y el tiempo requerido para que las inversiones se materialicen en beneficios sostenibles. Por el momento, la inteligencia artificial entra en una nueva etapa: tras la fase de construcción acelerada de infraestructura, el mercado comenzará a evaluar qué compañías logran convertir esa capacidad tecnológica en crecimiento rentable. La próxima ventaja competitiva podría depender menos del volumen de inversión y más de la capacidad para transformar ese gasto en productos, eficiencia y nuevos ingresos.

ANUNCIO