La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependiente del Departamento del Tesoro estadounidense, publicó el 1 de julio de 2026 un nuevo paquete de medidas restrictivas que afecta a más de un centenar de direcciones de criptoactivos. Estas acciones, presentadas en un único boletín oficial, apuntan tanto a una red de blanqueo de capitales vinculada al grupo criminal brasileño Primer Comando de la Capital (PCC) como a direcciones asociadas a la rama del Estado Islámico en Afganistán y Pakistán, ISIS-K.

Ofensiva contra el lavado de dinero del narcotráfico

La investigación, desarrollada en colaboración con el FBI y el Departamento de Justicia, desarticuló un entramado que utilizaba empresas pantalla en los sectores de pagos, construcción, logística y servicios financieros para ocultar fondos procedentes del narcotráfico. Según la OFAC, la organización operaba principalmente entre el estado de Florida y la ciudad brasileña de São Paulo, canalizando capital ilícito a través de transferencias en criptomonedas. Las autoridades estiman que el grupo logró lavar más de 30 millones de dólares obtenidos en distintas urbes estadounidenses, los cuales eran enviados a Brasil mediante transacciones digitales.

Sanciones a personas y empresas señaladas

Entre los afectados por las sanciones figuran los ciudadanos brasileños Victor Henrique de Oliveira Shimada y Stella Stefanie Nunes Henrique de Oliveira, identificados como los líderes del nodo brasileño de la operación. Asimismo, la OFAC bloqueó los activos de varias compañías: Pixwave (soluciones de pago), Victory Trading (intermediación de negocios), Wave Construções Inteligentes (sector de la construcción) y la firma portuguesa Avenidas Flutuantes Unipessoal, dedicada al transporte y almacenamiento. La pesquisa también menciona un esquema previo detectado por las autoridades brasileñas, que habría movido más de 190 millones de dólares en siete meses a través de una red de distribución de productos electrónicos ligada al PCC.

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134 direcciones de criptomonedas en la lista negra

En un movimiento paralelo aunque anunciado de forma conjunta, el Tesoro actualizó su lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN) añadiendo 134 nuevas direcciones de monederos digitales asociados a ISIS-K. Estas wallets operan en redes como Monero, conocida por su enfoque en la privacidad, y TRON, que también fue utilizada para mover fondos del grupo extremista, según reportes de la prensa especializada. Aunque la medida no ha sido cuestionada en cuanto a la necesidad de combatir el financiamiento del terrorismo, ha reavivado el debate sobre sus consecuencias para los actores legítimos del ecosistema financiero.

El fenómeno del «de-risking» y sus implicaciones

Empresas de análisis de cadenas de bloques como Chainalysis han advertido que la creciente inclusión de direcciones sancionadas obliga a exchanges, bancos, fintech y demás proveedores de servicios financieros a reforzar sus sistemas de monitoreo para evitar interactuar con fondos bloqueados. Analistas señalan que el principal riesgo es el llamado de-risking, que lleva a las entidades financieras a restringir o rechazar operaciones con determinadas jurisdicciones o contrapartes para minimizar su exposición a sanciones. Esto puede traducirse en mayores costos de cumplimiento para empresas legítimas que, sin saberlo, mantuvieron relaciones comerciales indirectas con compañías ahora sancionadas, como Pixwave o Victory Trading. El impacto sería especialmente notable en Brasil y otros mercados latinoamericanos donde procesadores de pagos y plataformas de intercambio mantienen conexiones con múltiples proveedores financieros internacionales.

Una tendencia hacia la supervisión de la infraestructura digital

Lejos de tratarse de un caso aislado, estas sanciones reflejan una estrategia cada vez más amplia de Estados Unidos para perseguir los flujos internacionales de dinero ilícito. La inclusión de direcciones de criptomonedas en las listas de sanciones anticipa un escenario en el que la supervisión no se limitará a personas o empresas, sino que alcanzará con mayor frecuencia la infraestructura utilizada para mover activos digitales, elevando las exigencias de cumplimiento para todo el ecosistema financiero.

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