La firma de escalabilidad basada en pruebas de conocimiento cero, StarkWare, ha desvelado una estrategia detallada para inmunizar su red Starknet frente a la amenaza de la computación cuántica. Al mismo tiempo, el CEO de la compañía, Eli Ben-Sasson, ha lanzado un desafío directo al resto de la industria, afirmando que la vulnerabilidad persistente es fruto de la inacción y no de la falta de soluciones técnicas.
Una hoja de ruta en tres etapas para la protección cuántica
El plan, divulgado el martes, estructura la migración hacia la resistencia cuántica en tres fases bien diferenciadas. La primera etapa contempla la sustitución del actual algoritmo de hash Pedersen por versiones diseñadas específicamente para soportar ataques cuánticos, así como la incorporación de firmas digitales igualmente resistentes. La segunda fase se centrará en desarrollar herramientas de migración que permitan actualizar los contratos inteligentes existentes de forma transparente, evitando que los desarrolladores tengan que reescribir sus aplicaciones desde cero. Finalmente, la tercera etapa aborda las dependencias externas, particularmente las vinculadas a la propia hoja de ruta de Ethereum hacia la resistencia cuántica, ya que Starknet no puede resolverlas por sí sola.
El llamado a la acción de Ben-Sasson
Ben-Sasson fue contundente al señalar que “la industria de las criptomonedas no debería necesitar alertas de la Casa Blanca ni de nadie más para actuar”. En su intervención, destacó que la criptografía necesaria para proteger todas las claves del mundo ya existe y está probada, por lo que “la única razón para seguir siendo vulnerable es la negligencia”. El ejecutivo también acuñó el término “ilusión elíptica” para describir la falsa sensación de seguridad que genera la criptografía de curva elíptica, el estándar actual, frente a futuros ordenadores cuánticos. “Creer que esta tecnología será inmune a la computación cuántica nos está volviendo peligrosamente complacientes”, advirtió.
La ventaja arquitectónica de Starknet
Ben-Sasson subrayó que Starknet puede volverse resistente a ataques cuánticos “aprovechando la ventaja de su arquitectura”. La red se sustenta en pruebas STARK (Scalable Transparent Argument of Knowledge), un sistema de pruebas de conocimiento cero que, según explicó, es “intrínsecamente seguro frente a la computación cuántica”. Si Starknet logra esta transición, argumentó, cualquier otra red podría hacer lo mismo eligiendo la criptografía adecuada. “Necesitamos ser ágiles en el mundo de las blockchains y las criptomonedas”, concluyó, añadiendo que “existe una terrible ironía en que una industria joven, nacida para desafiar el statu quo, esté ahora estancándose y posponiendo los cambios necesarios para garantizar su seguridad”.
El contexto de la industria y las comparaciones
El anuncio de StarkWare se produce en un momento en que la amenaza cuántica gana urgencia. Algunos investigadores advierten que las primeras máquinas con capacidad criptográficamente relevante podrían estar listas antes de 2030. Mientras tanto, grandes redes como Circle, Ethereum, Solana, Tezos y Algorand ya han presentado sus propias hojas de ruta para protegerse. Sin embargo, la comunidad de Bitcoin sigue dividida sobre cómo abordar la protección de las monedas antiguas frente a este desafío.
Ben-Sasson reconoció que algunos procesos de migración son complejos e implican concesiones técnicas, decisiones de gobernanza y dependencias que ningún equipo controla por completo. No obstante, insistió en que “la dificultad no es una excusa para retrasar la transición”. La industria, concluyó, “debería actuar y aprovechar la mejor criptografía disponible sin esperar a que alguien más dé la voz de alarma”.