El incidente de seguridad que golpeó a los dispositivos Coldcard el pasado 30 de julio de 2026 sigue sacudiendo al universo de Bitcoin. A diferencia de las intrusiones en exchanges o plataformas DeFi, esta vez la vulnerabilidad afectó a quienes confiaban en la autocustodia, el método considerado durante años como el más seguro para proteger sus criptoactivos. Ante esta situación, las víctimas se preguntan si existe alguna posibilidad real de recuperar el dinero perdido. La respuesta no es directa, pero los precedentes indican que no es imposible recuperar al menos una porción de los fondos sustraídos.
¿Qué revelan los casos anteriores sobre recuperación de fondos?
Los registros de los mayores robos en el ecosistema muestran que, si bien no es una garantía, la recuperación de criptomonedas robadas ha ocurrido en varias ocasiones, aunque casi siempre de forma parcial. Basándose en estos episodios, los expertos estiman que las probabilidades de que los tenedores afectados por el ataque a Coldcard puedan ver de vuelta parte de sus bitcoins oscilan entre el 20% y el 40%. El desenlace dependerá del avance de las pesquisas y de cómo los atacantes muevan los fondos.
Un ejemplo emblemático es el de Binance en 2019, donde se llevaron cerca de 7.000 BTC. Allí, los usuarios lograron recuperar la totalidad de sus activos gracias al fondo SAFU, una reserva de emergencia que la propia plataforma había constituido para cubrir estos siniestros. Otro caso relevante es el de Bitfinex en 2016, con un robo de aproximadamente 119.756 BTC. Seis años después, las autoridades estadounidenses incautaron más de 108.000 de esos bitcoins, en uno de los mayores decomisos financieros de la historia.
También hubo situaciones donde la recuperación se dio por vías inesperadas. En Poly Network (2021), el propio atacante devolvió voluntariamente cerca del 95% de los fondos. En Euler Finance (2023), casi la totalidad de los activos regresó tras negociaciones con el responsable. En KuCoin (2020), se recuperó aproximadamente el 84% gracias al congelamiento de fondos, la cooperación entre exchanges y la intervención de las fuerzas de seguridad.
No todos los casos acabaron bien. El hackeo de Mt. Gox en 2014, considerado el mayor robo de bitcoin de la historia, resultó en la desaparición de unos 850.000 BTC. Más de una década después, solo una porción de esos activos pudo ser recuperada mediante el proceso de quiebra del exchange. Situaciones similares ocurrieron en ataques como Ronin Bridge, Harmony Horizon o Bybit, donde apenas una pequeña fracción de lo robado regresó a sus dueños.
La particularidad del caso Coldcard: autocustodia vs. custodios
Aunque los antecedentes sirven como referencia, el caso Coldcard presenta una diferencia clave respecto a la mayoría de los hackeos analizados. En incidentes como los de Binance, KuCoin, Bitfinex o Mt. Gox, los activos estaban bajo la custodia de un tercero. Esto permitió que los exchanges usaran fondos de reserva para indemnizar a los usuarios, colaboraran directamente con las autoridades o participaran en el congelamiento y recuperación de parte de los fondos.
En el caso de Coldcard, en cambio, los bitcoins estaban en autocustodia. Esto significa que los propietarios eran los únicos responsables de sus claves privadas y no existe un custodio que tenga la obligación de reembolsar las pérdidas. Sin embargo, esto no descarta por completo una recuperación. Si los fondos logran ser identificados y llegan a plataformas reguladas, podrían ser rastreados y eventualmente congelados en el marco de una investigación. Pero, a diferencia de los casos históricos mencionados, no hay un mecanismo automático de compensación ni un responsable directo que deba indemnizar a los afectados.
¿Qué recomendaciones seguir y qué esperar?
Hasta el momento, Galaxy Research ha rastreado 1.367 bitcoins robados desde 4.585 direcciones comprometidas, aunque advierten que las cifras son preliminares y se basan en el seguimiento on-chain realizado hasta ahora. Mientras las investigaciones continúan y no hay certeza sobre una eventual recuperación, figuras del ecosistema como Samson Mow, CEO de JAN3, han comenzado a difundir recomendaciones para las víctimas. Mow sostuvo que este incidente golpeó directamente a quienes habían elegido la autocustodia para proteger su patrimonio, y compartió consejos como documentar las direcciones afectadas, la versión del firmware, las fechas del incidente, presentar una denuncia ante las autoridades y conservar tanto el dispositivo como la frase semilla.
Mow también advirtió sobre un riesgo adicional: los falsos servicios de recuperación. “No compartas tus datos personales, tu frase semilla ni envíes dinero a nadie que afirme poder recuperar tus fondos. Los estafadores estarán apuntando a personas desesperadas”, indicó. Aunque el alcance definitivo del ataque todavía se desconoce, la historia muestra que un robo de criptomonedas no siempre representa una pérdida irreversible.