El 25 de julio de 2026, la red de Bitcoin implementó un nuevo recálculo de su dificultad de minería, que resultó en una reducción del 0,74%. Este movimiento, el noveno descenso en lo que va del año, llevó el indicador de 127,17 billones a 126,23 billones. Los datos reflejan una tendencia continua de disminución en la potencia computacional vinculada a la cadena de bloques, y las proyecciones indican que el próximo ajuste podría superar el 2% de caída, aunque aún faltan días para su confirmación.

¿Cómo funciona el mecanismo de ajuste?

Este cambio corresponde al bloque 959.616 y representa el decimoquinto recálculo de dificultad efectuado por el protocolo durante 2026. El sistema, que se ejecuta automáticamente cada 2.016 bloques (aproximadamente cada dos semanas), modifica la complejidad de la minería para garantizar que el tiempo promedio de creación de un bloque se mantenga cerca de los 10 minutos. Cuando el hashrate se contrae y los bloques tardan más en generarse, el protocolo disminuye la dificultad para compensar esa pérdida de capacidad de procesamiento.

Balance anual: más caídas que subidas

Desde enero, Bitcoin ha experimentado nueve reducciones de dificultad frente a seis incrementos. En conjunto, los aumentos acumulados suman un 31,04%, mientras que los descensos alcanzan un 43,96%, lo que arroja una contracción neta del 13,82% en lo que va de 2026. Esta evolución se enmarca en uno de los períodos más desafiantes para la industria minera en años recientes. Según reportes previos, el hashrate sufrió durante el primer semestre la mayor caída registrada para ese lapso desde la creación de Bitcoin, con un retroceso del 17,5%. Esta disminución en la potencia de cálculo indica que muchos mineros han desconectado sus equipos ante la caída en la rentabilidad de la actividad.

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Presión sobre los mineros

Varios factores alimentan esta presión. Tras el halving de 2024, la recompensa por bloque se redujo a 3,125 BTC, lo que recortó los ingresos de los mineros. Además, el hashprice —que estima los ingresos diarios por unidad de potencia de cómputo— pasó de 37,39 dólares a 32,21 dólares durante los primeros 206 días de 2026, como consecuencia del descenso del precio de Bitcoin desde máximos cercanos a los 126.000 dólares hasta los actuales 64.000 dólares. Mientras tanto, los costos de electricidad e infraestructura se mantuvieron elevados.

Diversificación hacia inteligencia artificial

En paralelo, algunas empresas del sector, como IREN y Hut 8, han comenzado a redirigir parte de su infraestructura eléctrica y centros de datos hacia servicios de inteligencia artificial, un negocio que hoy ofrece márgenes más altos que la minería de Bitcoin. En estos casos, el hardware deja de participar en el procesamiento de la red y se destina a tareas de computación de alto rendimiento.

Estabilidad de la red

A pesar de la secuencia de ajustes a la baja, que evidencia la presión económica sobre los mineros, esto no representa un problema para el funcionamiento de Bitcoin. Por el contrario, demuestra que el mecanismo de ajuste de dificultad sigue adaptando automáticamente la red a las variaciones del hashrate sin alterar el ritmo de emisión de bloques. Si las proyecciones se cumplen y el próximo recálculo vuelve a reducir la dificultad, la tendencia confirmaría que la recuperación del sector minero dependerá en gran medida de una mejora en la rentabilidad de la actividad. Mientras tanto, la capacidad de Bitcoin para ajustar automáticamente sus parámetros sigue siendo uno de los elementos que permite mantener estable la red incluso en escenarios de fuerte salida de poder de cómputo.

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