En el cuadragésimo cuarto episodio del programa Separando el Dinero y el Estado, se entrevistó a Ernesto Aharonian, creador de la iniciativa Escuelita Bitcoin en Uruguay. Durante años, este educador ha impartido cursillos gratuitos sobre criptomonedas en instituciones educativas públicas, comunidades rurales y vecindarios uruguayos. Actualmente reside en Asunción, Paraguay, donde junto a su esposa gestiona un establecimiento gastronómico que opera con Bitcoin, conocido como La Parrilla de Satoshi.

Un ecosistema pequeño pero con potencial

Según Aharonian, la comunidad bitcoiner en Uruguay es aún reducida y frágil. El ciudadano uruguayo tiende a ser cauteloso y deposita una confianza institucional que el entrevistado califica como ilusoria, aunque comprensible, debido a que el Estado brinda servicios de salud y educación pública de calidad superior en la región. Para poder introducir conceptos de Bitcoin en las aulas de escuelas públicas, fue necesario evitar mencionar directamente la criptomoneda. En su lugar, se optó por abordar la temática desde la historia del dinero y la tecnología, aprovechando la autonomía de las directoras de los centros educativos y estableciendo contactos de manera progresiva entre escuelas.

De la promoción a la acción directa

El enfoque de Aharonian ha evolucionado: en lugar de instar a los comercios a adoptar Bitcoin como método de pago, decidió abrir su propio local que sí acepta la criptomoneda. Afirma que establecer el mismo negocio en Uruguay le habría costado el triple debido a los altos niveles de burocracia y carga impositiva. De hecho, sostiene que Uruguay es la nación más cara de toda América Latina. Además, recuerda que el país experimentó su propio corralito bancario en 2002, un año después del argentino de 2001, y que en 2014 se aprobó la Ley de Inclusión Financiera 19.210, que obligaba al pago de salarios por medios electrónicos, aunque posteriormente dicha exigencia se flexibilizó.

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Eventos y referentes del ecosistema

En el ámbito de eventos, Aharonian menciona que el Blockchain Summit fue en su momento la cita que reunía a la comunidad cripto uruguaya, pero ahora ese espacio ha sido ocupado por Be Orange, un encuentro de naturaleza exclusivamente bitcoinera. También cita a Franco Amati, quien sostiene que el verdadero activo de Bitcoin es la comunidad que ha comprendido el problema que resuelve. Sobre aplicaciones internacionales, señala que Irán habría utilizado Bitcoin para pólizas de seguros o pagos vinculados al tránsito por el estrecho de Ormuz. Asimismo, menciona el caso de Coldcard como ejemplo de que incluso el hardware de referencia actúa como un tercero de confianza.

Más allá del bitcoin: la defensa de la privacidad

Aharonian declara que también promueve el uso de Monero por motivos de privacidad, y rechaza cualquier postura dogmática que defienda una única herramienta. Para él, la libertad financiera pasa por diversificar las opciones según las necesidades de cada usuario.

En conclusión, la experiencia de Ernesto Aharonian ilustra los retos y oportunidades de la adopción de Bitcoin en Uruguay, un país con fuerte arraigo institucional pero también con altos costos y barreras burocráticas. Su enfoque pragmático —abrir su propio negocio, enseñar sin etiquetas y apoyar otras criptomonedas como Monero— refleja una visión madura y adaptable del ecosistema cripto.

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